Texto curatorial

Elena Dahn / por Florencia Malbrán

Elena Dahn trabaja abierta a un futuro que no está contenido en el pasado, esto es, sus experiencias desafían todo intento de reducirlas a una imagen planeada de antemano. No existe la certeza de un resultado determinado. Ella lidia con contingencias, procesos, sitios, duraciones.

Juega con el yeso, sometiéndolo. Crea formas informes que recuerdan órganos, elementos naturales, y que no esconden los trazos de su hacer. Chorreados, goteos y raspaduras, a la vista, exhiben el carácter experimental e incierto de la emergencia de las propias obras.

Dahn nunca puede saber con antelación qué es lo que ocurrirá al producir sus obras. Como ella no puede anticipar la influencia exacta de las condiciones ambientales en el yeso vertido sobre el papel o la pared (y calcular totalmente las formas del chorreado o la profundidad del relieve), ganan protagonismo el cambio y la duración. Las obras manifiestan entonces un proceso indeterminado. Los dibujos y esculturas operan un giro, del arte entendido como un objeto fijo en el tiempo y el espacio, a una experiencia del tiempo y espacio.

Cuando Dahn habla de sus intereses, confiesa su inclinación hacia la danza e inmediatamente aclara que, más que el baile en sí mismo, le fascinan las fotografías de los bailarines en plena danza. Le gustan las tomas que fijan la acción. Sabemos que la fotografía guarda una relación de continuidad con el objeto que representa, da cuenta de su existencia, prueba que algo estuvo allí. Hubo, en algún momento, un contacto real entre el lente de la cámara y su objetivo, un contacto cuyo vestigio material queda plasmado en la superficie misma de la foto, que sufre una reacción físico-química para lograr la imagen. Sí, la fotografía plasma una presencia en la ausencia. Pero las tomas de los bailarines en danza envuelven, además, otra contradicción: congelan el movimiento sólo para evocar su dinamismo. De la misma manera, la obra de Dahn nos refiere al fluido de la experiencia y los sentidos. Sus esculturas son estáticas pero hacen presente la alteración de las formas en el espacio: ¿dónde termina una figura y empieza otra? ¿cuál es el juego de cortes y contraposiciones? Retozan estas preguntas —tanto como se mueve la vida— impidiendo cualquier decisión definitiva.

Florencia Malbrán, mayo 2014

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