Rompimiento

Descubrí el trabajo de Elena Dahn en una exposición que hizo en la galería Ruth Benzacar en 2010, luego la expuse en una pequeña muestra que se llamaba Confusión Sentimental en 2011.
Mientras tanto Elena Dahn, que pasó una temporada en Inglaterra, hizo más profundo, radical y denso su trabajo de modo completamente asombroso. Su obra se encuentra en pleno desarrollo, ella ha eliminado ciertos aspectos narrativos presentes en parte de las obras de sus comienzos, para llevarlas a las formas a la vez simples y complejas.
Ya había sido golpeado por esta calidad limpia de su escultura, que consiste en partir de las propiedades del material (en particular silicona y yeso) con los cual engendra formas que se podría caracterizarse como polisémicas.
Lo que es notable también, es cómo integró parámetros nacidos deexperiencias históricas de la escultura contemporánea. Así, su atención a las potenciales formas del material, su flexibilidades, su ductilidad, su uso de lo suave y de lo duro, en su producción de la forma, muestran una asimilación de lo que ha podido aportar al arte actual la experiencia de prácticas como la de Proceso-arte o de la antiforma.
El espectador es golpeado por la capacidad de solicitar atención del material mismo. El cual es trabajado “en caliente” en cuanto a sus potenciales formas y significado.
La economía del trabajo, su despego al relato y su concentración sobre la misma posibilidad del material como forma, hace eco a las prácticas post minimalistas. Y sin embargo estamos lejos de un formalismo puro.
De esta forma, las propiedades del yeso líquido depositado en banda sobre un papel (levantado verticalmente) son tomados en consideración por Elena Dahn, dos elementos decisivos se conjugan aquí: la inscripción del cuerpo dentro de este movimiento de estiramiento del material semi-líquido sobre el papel y simultáneamente su gravedad para derramarse.
Dentro de sus murales más imponentes coexisten a la vez una dinámica formal y un enfoque materiológico. Esto le otorga a sus obras un doble aspecto geológico y orgánico.
Ellas dependen de un arte de plegar y asumen una sensualidad casi sexual que se confirma sin necesitar pasarlo por la imagen. En su modo de trabajar la superficie, algunos de sus procedimientos no dejan evocar las marcas y las encrucijadas del pincel en los lienzos blancos de Robert Ryman.
Y con su modo de encajar el lleno y el vacío para moldear la materia del cuadro y hacer respirar su superficie. Así como él, ella inscribe un gesto que asume a la vez el movimiento de la mano, su temblor y su parte de subjetividad pero en una suerte de neutralidad reivindicada.
No podemos evitar de evocar a Eva Hesse y su uso del material a contra empleo del rigor minimalista. Pensamos también en las formas orgánicas de Luisa Bourgeois o más recientemente en las “ambigüas” de Ana María Maiolino. No es casualidad que una parte de su producción acampa entre volumen y relieve, entre escultura y pintura.
Su fuerza es poder trabajar con el informe mientras trabaja las tensiones y la articulación. Así en sus esculturas, el hilo que tiene esta en sus torsiones y pliegues también funcionan como enlace. El enlace es parte de la obra, y está presente como muestrando la idea de “mutas mutandis” lo que significaría: cambiando lo que se deba cambiar. Como se puede ver en ciertas esculturas de Germana Richier, en donde los tallos son tan fuerte como dibujos en el espacio.
Pero debemos subrayar que cuando se evoca estas referencias, es para dejar testimonio de lo que la escultura de Elena Dahn supo asimilar para encontrar su propio universo. Muestra el lugar que han ocupado un cierto número de mujeres en los nuevos desarrollos de la escultura contemporánea, particularmente en Argentina. Elena Dahn es allí, con algunas otras, una de las figuras más impresionantes.
POR PHILIPPE CYROULNIK

 

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